Por José R. Benites, Hugo Wiener y Luis Ginocchio1/

La agricultura familiar (AF) es un tipo de producción donde la unidad doméstica y la unidad productiva están físicamente integradas. La agricultura es la principal ocupación y fuente de ingreso del núcleo familiar, la familia aporta la fracción predominante de la fuerza de trabajo utilizada en la explotación y la producción se divide entre el autoconsumo y el mercado. También se dice que la AF es una ‘forma de vida’ y una ‘cuestión cultural’, que tiene como principal objetivo la ‘reproducción social de la familia sin acumulación pero en condiciones dignas’, donde la unidad productiva y las inversiones que allí se realizan están a cargo de individuos que mantienen lazos de familia, que aportan la mayor parte del trabajo, son propietarios de los medios de producción (no siempre de la tierra) y en su interior se realizan transmisión de valores, prácticas y experiencias.”
La agricultura familiar es un sector extendido que combina un grueso de productores tradicionales y un aún pequeño sector dinámico dentro del agro peruano: cuenta con alrededor de 1.2 millones de unidades de AF con producción diversificada en cultivos como papa y otros tubérculos andinos, maíz, trigo, cebada y otros granos andinos, algodón, café, otros de pan llevar y crianzas de vacunos, caprinos, ovinos y camélidos. El número de explotaciones representa el 95% de las explotaciones agrícolas, aportando el 40% del valor bruto de la producción, siendo su principal destino el mercado interno, el abastecimiento de las plazas locales y el autoconsumo. Esta agricultura emplea sólo parte del año a las cabezas de familia que deben completar ingresos en otros predios o en las ciudades. En las épocas de punta, como son siembra y cosecha, se aplica la cooperación recíproca y la mano de obra familiar.
INCAGRO ha desarrollado una estrategia direccionada a reforzar a los núcleos más innovadores y orientados al mercado en la agricultura familiar. Inicialmente ensayó un concurso piloto en Huancavelica en el 2003 llamado “Huchuy Ayni” (pequeña ayuda mutua) donde se adjudicaron recursos a 16 subproyectos. Luego generalizó el esquema a todo el país durante el 2006 y 2007 a través de recursos destinados a la contratación de Servicios de Extensión -que se han denominado de Tipo III-, y que son los de menor monto y menor contrapartida. Estos se entregan a pequeños productores organizados en asociaciones y comités. En total se han adjudicado 123 subproyectos en todo el país (62 en el 2006 y 61 en el 2007). El monto de estos proyectos alcanza 1.6 millones de dólares y comprende a 3,834 productores.

Un revisión de las actividades priorizadas por estas unidades destaca el caso de ganadería de vacunos (14%), de las cuales la mayoría producía leche (12.1%). Otra actividad importante es la crianza tecnificada de cuyes (10.2%) y otras formas de ingreso como son la artesanía principalmente textil (11.5%). Otros grupos se han enfocado a la crianza de truchas y cultivo de quinua (3.8% cada uno), el maíz amiláceo (3.2%), a lo que siguen la crianza de alpacas, cultivo del café, papa y la producción de lácteos. Luego hay una larga lista que incluye el frijol, habas, crianza de ovinos, trigo, ajonjolí, avena, cebada, kiwicha, miel de abeja, naranja, entre los más importantes.
Los productores familiares encuentran muchas veces limitaciones para el acceso y la aplicación de tecnologías apropiadas para lograr los niveles de calidad e inocuidad de sus productos acordes a las regulaciones nacionales y a las exigencias de los mercados. Esto se traduce en bajos niveles de productividad en los cultivos y crianzas, afectando su competitividad y contribuyendo en muchos casos al deterioro de los recursos naturales. Las limitaciones que encuentran para llevar adelante una adecuada gestión predial y comercial determinan que perciban menores precios de los que podrían lograr, lo que genera menores ingresos, vinculación a actividades no agrícolas, emigración y profundización de la pobreza rural y de la inseguridad alimentaria. Los productores familiares encuentran serias limitaciones.
A este efecto, INCAGRO financia asistencia técnica a través de los fondos de Tecnología Agraria -que permite a los productores AF el acceso y la aplicación de tecnologías apropiadas para lograr los niveles de calidad e inocuidad de sus productos acorde a las regulaciones y exigencias de los mercados, incluyendo la obligatoriedad de las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) para frutas, hortalizas y plantas aromáticas.
Los proyectos que cofinancia INCAGRO en la agricultura familiar contribuyen a la seguridad alimentaria a través de la generación de ingresos a sus miembros como en la atención a los mercados locales. Se promueve la difusión de programas de BPA para una mejor inserción comercial, la búsqueda de alimentos inocuos y de calidad y la dignificación de las condiciones laborales de los agricultores. Los fondos competitivos de INCAGRO se utilizan para desarrollar actividades de capacitación, transferencia de tecnología, asistencia técnica y comercial, y acompañamiento en la implementación de proyectos productivos, fortaleciendo las capacidades de los productores, extensionistas y de las instituciones y actores involucrados.
La diversidad y heterogeneidad de la AF, en cuanto a sus características sociales, económicas, productivas y culturales, conduce a delinear estrategias de intervenciones integrales y ajustadas a sus necesidades. Dentro de éstas, cobran mayor importancia en la actualidad la promoción de técnicas, proyectos y programas sobre BPA y BPM a lo largo de toda la cadena agroalimentaria. Por otra parte, la AF se enfrenta a un contexto de comercio donde la inocuidad de los alimentos, la relación de producción a bajo costo y alta calidad y las crecientes medidas fitosanitarias se presentan como exigencias inevitables. En consecuencia, resulta evidente que sin una asistencia técnica destinada a la AF en BPA, será difícil adaptar sus producciones a los mercados más dinámicos.

En muchos casos es la mujer que aporta la mayor parte del trabajo, son cabeza de familia y propietarias de los medios de producción. INCAGRO, conocedor de esta realidad promueve la equidad de género en su acceso al agua, tierra, créditos, tecnología, información y capacitación, así como su activa participación en los procesos de gestión, teniendo presente su rol protagónico en la seguridad alimentaria y nutrición, así como también la implementación de programas para jóvenes rurales promoviendo su inserción productiva.
Bajo esta premisa y en la búsqueda de una salida productiva para los sectores de la AF, el concepto de BPA manejado por INCAGRO no sólo incorpora aspectos tecnológicos y productivos (manejo integrado de plagas y enfermedades, manejo poscosecha y procesamiento), sino también aspectos sociales (seguridad alimentaria, mejoramiento de la salud de los trabajadores); ambientales (análisis de aguas y suelos, técnicas que contribuyan a la sostenibilidad ambiental- disminución del uso de pesticidas); y económicos (comercialización, competitividad, comercio justo). Asimismo, el método de intervención se constituye en el marco en el que pueden alinearse acciones de apoyo que son necesarias para afrontar otras dificultades estructurales de la AF.
Otra de las opciones de la AF que INCAGRO viene apoyando es la agregación de valor para diferenciar las cosechas y crianzas, por ejemplo, por origen (destacando la calidad que tradicionalmente es relacionada con un territorio), la agricultura sostenible y sus diversas formas entre las que destaca la agricultura orgánica (el caso del café es el más destacado). Por eso es importante enfatizar que el futuro de muchas unidades de AF está ligado a la detección y atención de ‘segmentos’ de mercado que requieran el nivel de detalle que pueden trabajar las familias. Por eso, las habilidades comerciales y las vinculaciones con los mercados son elementos que deben acopiar estas familias, lo que les permitirá ingresar a agronegocios que les permitan mayor rentabilidad y bienestar.
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1/ Director Ejecutivo de INCAGRO, Consultor de INCAGRO, Jefe de FTA, respectivamente